3 años y 1912 sueños
Este pasado 1 de diciembre de 2025 se han cumplido justo 3 años desde que inicié este camino de exploración de mis sueños. Y estos 3 años han significado un total de 1912 sueños que he registrado día a día.
Jamás imaginé que llenaría libretas y libretas con sueños de la más variada índole. Y me abruma contemplar cómo mucho de mis sueños han marcado o cambiado mi estado de ánimo a lo largo de mi camino, y cómo han estado guiándome, al menos hasta donde alcanzo a ver su efecto en mi yo de vigilia.
Voy a tratar de poner en palabras muchas de las sensaciones que me quedan después de estos 3 años de experiencias oníricas.
Me sorprende que cada vez que abro una de las libretas de sueños, no importa cuál en estos tres años, al releer un sueño vuelvo a recordar las imágenes, las secuencias y lo que sentí en él. La sensación que me queda es que toda experiencia de un sueño que ha sido recordada al despertar y registrada en el diario de sueños queda almacenada en la memoria consciente, de forma que es posible recordarla como cualquier memoria de la vida de vigilia. La consistencia del recuerdo me resulta totalmente similar a cualquier memoria de la vida «real». Ésto me lleva a postular que todas las experiencias oníricas que no he recordado al despertar quedan almacenadas en mi memoria inconsciente, esperando a ser «recordadas» siempre que se de algún evento que las rememore.
Resulta interesante que prácticamente todos los sueños que recuerdo como secuencias de imágenes han sido registrados justo después de una fase de sueño REM. Sin embargo, la mayoría de los sueños que recuerdo como abstractos, como una mera idea o como una sencilla información, éstos se dan después de un despertar en medio de una fase de sueño ligero.
Han habido sueños que, de forma simbólica, han mostrado detalles de eventos que sucedieron al cabo de dos o tres días. Debido a dicho contenido simbólico y poco literal, no llegué a intuir que podrían ser premonitorios hasta que sucedieron y volví a leer el diario de sueños. Asumiendo que el futuro no está escrito, sino que viene dado en forma de probabilidades, me impacta el hecho de observar que ciertos eventos parecen ser muy probables y que llegan a darse a pesar de la incertidumbre de lo que vendrá. Ésto también me permite sentir que hay «hilos» moviendo hasta cierto punto esta realidad de vigilia que todos compartimos.
Si ha habido otros sueños que me han impactado son los que, ante mi decisión interna de dar un paso hacia una experiencia en concreto, mis sueños me han indicado casi literalmente mi decisión interna y han plasmado simbólicamente que yo iba a estar protegido en esta experiencia. Lo más abrumador fue darme cuenta de ésto una vez pasada la experiencia y estar totalmente sumergido en el dolor. El hecho de volver a leer el sueño me hizo abrir los ojos y darme cuenta de que la experiencia era necesaria en mi camino. El sueño adquirió mayor sentido cuando fuí testigo de que, de una forma totalmente paranormal, «alguien» me sacó de la experiencia una vez llegué al límite de ésta. Una vez más, la sensación de que hay «hilos» moviendo mi camino se va haciendo más y más patente.
Los sueños lúcidos han seguido teniendo lugar a lo largo del camino. Cada vez que he tenido la oportunidad de experimentar la validez de la realidad del sueño he vuelto a sentir un asombro mayúsculo. Me queda más que claro que la realidad onírica es tan válida como la realidad de vigilia. La diferencia es que en la realidad del sueño no se aplican las leyes físicas de vigilia, sino que se rige por nuestro estado interior que es el que «materializa» dicha realidad a través de cualidades internas como la intención, la volundad, la expectativa, el enfoque y las creencias (Robert Waggoner en «Lucid Dreaming»). Es momento de dar un paso más allá en los sueños lúcidos e iniciar un camino de indagación espiritual profundo.
Me sorprendo que mi yo onírico tiene un comportamiento mucho menos instintivo que mi yo de vigilia. Algunos sueños me plantean unas situaciones y unos contextos en los que mi comportamiento onírico me sorprende al despertar. Sin embargo, reconozco que ese yo que experimenta los sueños está mostrando ciertas cualidades de mi esencia. Si esos son los valores que fluyen a través de mi personalidad, entonces me siento bendecido y siento que mi camino es ir integrándolos en mi yo de vigilia.
Me impactan los días que, al despertar, soy plenamente consciente de haber soñado muchísimo, y cuando digo muchísimo es muchísimo… y sin embargo, ¡no consigo recordar ni un sueño!. A pesar de ello, siempre me reconforta el saber que las experiencias oníricas se han dado, que están guardadas en mí y que van a seguir orientándome en mi camino aunque sea de forma inconsciente.
Y he podido observar que la cantidad de sueños recordados va en ciclos. Y que, especialmente, en épocas de impacto o bajón emocional, el recuento de sueños baja de forma bastante dramática.
Y más fascinante aún, una hecho bastante extraordinario (paranormal) e inesperado de hace unos fines de semana, me hizo llegar una información acerca de una posible vida pasada mía. Esa información, a priori sin la mayor importancia, se quedó dando vueltas en mi mente hasta que junto con la información que me llegó a través del curso de antropología gnóstica al que estoy asistiendo hizo clic en algo dentro de mí. En el momento de ese clic, vino a mi mente el primer sueño que me marcó de por vida («El beso»). Y, de repente, la interpretación de ese sueño fue un paso más allá, un paso mucho más profundo que, junto al evento del fin de semana, marca una mayor comprensión a nivel interior de quién soy y qué hago aquí. Una vez más, tengo cierta evidencia de que los sueños no tienen una única interpretación, y que conforme vamos indagando en ellos, la riqueza de su significado crece de forma increíble.
Me queda muy claro que queda mucho camino por recorrer… y bienvenidas sean todas las experiencias que están por llegar.




