Las brasas vuelven a revivir por momentos
Soy muy consciente de que ciertas experiencias personales me han llegado a marcar de una manera muy profunda, hasta el punto de romper mi personalidad en pedazos para dejar atrás partes de mí que ya no tiene sentido que sigan tomando el rumbo de mi vida.
Pero resulta que ese «dejar atrás» no es automático ni se da por hecho sin más o por arte de magia. Sí, la experiencia personal se ha dado en toda su plenitud y se ha completado, de eso no hay duda. La ruptura de la personalidad es evidente, pues el sangrado masivo después del desgarro es obvio, y es a partir de ese momento de ruptura cuando inicia un proceso de reestructuración y, en el mejor de los casos, de sanación que va a llevar su tiempo, como cualquier otro proceso en la vida.
Lo curioso es cuando, sin esperarlo, llega un «examen» y aquellas heridas que todavía están terminando de cicatrizar vuelven a doler. Pero más curioso si cabe es observar que aún quedan «brasas» en lo que fueron las llamas de la personalidad que ardió en el pasado. Es decir, de repente surge una experiencia a la que no se espera y que vuelve soplar alegremente sobre esas brasas y las reaviva por momentos. Pero, ¡oh ,sorpresa!, hay una parte nueva que es consciente de esos viejos patrones (de esas brasas) que resultaron de la fatídica ruptura. Y ahora ambas partes libran una batalle a nivel interior que siento plenamente.
Ha pasado tiempo desde aquella experiencia desgarradora, y la calma ha llegado después de la tormenta. Después de un largo verano de introspección y de reconocimiento del dolor interior, llego a un punto de «comprender» a nivel consciente de que tengo un camino que quiero recorrer y que acepto que tome prioridad en mi vida, de forma que «acepto» dejar atrás unas cuantas cosas de mi pasado y de mi personalidad.
Esta aceptación lleva a ser consciente de la apertura de nuevas puertas, la aparición de nuevos senderos que forman parte del camino y la aparición de nuevas personas. Todo va resonanado dentro de mí y siento que sí, que estoy en ese camino y me dejo fluir lo mejor que puedo en él.
Y llega un día que, de repente, algo aparece en el camino, algo que no esperaba encontrarme en mucho tiempo y que, para mi sorpresa, reactiva de forma súbita sentimientos que estaban cerrados en un recipiente para algún día en algún futuro no cercano. Esos sentimientos hacen resonar esos patrones antiguos que habían estado dirigiendo mi vida durante tantos años. He aquí una diferencia muy sutil e importante que no se dió en el pasado, y es que soy consciente de cómo esos patrones vuelven a revivir hasta cierto punto ¡enfrente de mis narices!.
Por una parte hay una alegría nostálgica al observar que esa parte mía sigue ahí. Por otra parte está la fascinación de cómo las emociones y los sentimientos se activan con el simple hecho de ver algo inesperado y que no son controlables. Y ya por último, está esa observación de lo que está pasando.
Esa parte antigua vuelve a realizar proyecciones de futuro sin fundamento y vuelve a recordar cosas del pasado que ya no vienen a cuento. Pero claro, esas proyecciones y esos recuerdos son aire que está reanimando las brasas. Sin embargo, esta vez hay otra parte nueva que es consciente de lo que está sucediendo y que empieza a dar advertencias muy serias de las consecuencias de seguir alimentando las brasas.
Jamás anteriormente había sido consciente de sentir esos patrones entrando en acción y me sorprende verlos ahí. El tema es que siento que ésto es como un «examen» que me va a permitir comprobar si realmente soy capaz de seguir avanzando en el camino o si puedo volver a caer en los mismos errores del pasado. Es muy curioso observar cómo a pesar de conocer a dónde me llevaría volver a hacer caso a esos patrones, hay fuerza en ellos que debo saber enfrentar con esta nueva parte de mi personalidad.
Más curioso si cabe todavía es observar como van apareciendo sincronicidades en forma de música y películas, y cómo mis sueños empiezan a reflejar algo nuevo en su contenido.
Música
Justo hace una semana, unos días antes del momento en cuestión, aparecía en Spotify una canción cuya música resonó maravillosamente en mis oídos. La escuché unas cuantas veces en bucle y me removió en todas y cada una de las reproducciones que disfruté. Y fue entonces cuando me decidí a buscarla en Youtube. El videoclip no me gustó y la letra era, aparentemente, bastante grosera. Me tomé la letra como si fuera un sueño, tratando de profundizar en su significado algo más simbólico. Y la sorpresa fue mayúscula, pues la letra podía interpretarse como una queja hacia las máscaras y las proyecciones del ego. Me impactó mi reacción ante el videoclip y mi reacción a la comprensión más profunda de la letra. Reconocí en mí ese reacción de disgusto ante lo que la canción decía, pues reconocí en ello muchas de las proyecciones que hice en mí pasado y que me llevaron por el camino que me llevaron.
Cine
Una nueva película apareció sin más en la pantalla de mi ordenador. Me sentí atraído hacia ella sin saber por qué. Pude encontrarla y, aunque mi lista de películas para ver es muy larga, me decidí a verla hace dos días. Sin esperar absolutamente nada de ella, me encontré ante una maravilla que me me sorprendió y que tocó mi alma. Y me recordó algo muy importante: creer en mí, luchar por lo que realmente quiero y dejar que la magia ocurra por sí misma sin forzarla. Me recordó que cuando he confiado plenamente en la vida hasta límites inimaginables, entonces es cuando ha llegado la magia.
Sueños
La misma noche que las brasas de mis patrones antiguos se reanimaron, tuve un sueño cuya temática difería con el contenido de los 2000 sueños registrados durante los últimos 3 años. Es la primera vez que en un sueño en el que voy conduciendo mi coche, atropello a gente a pesar de mis esfuerzos por evitarlo:
«Es de día y estoy conduciendo mi coche por la ciudad. Llevo conmigo a mi padre y mi madre. Voy a pasar de una calle pequeña a otra más grande (son diferentes a las de vigilia), y para ello he de tomar una curva muy cerrada. Confome la voy tomando siento que no voy a poder controlar el coche. Justo por el margen de la curva van caminano unos niños pequeños que van en fila, junto con sus profesores, hacia la escuela. A pesar de todos mis intentos por no perder el control del coche, no consigo girar bien y acabo arrollando a muchos niños (sé que ocurre y no lo veo directamente). Consigo detener el coche y salimos los tres de él. No me siento bien por lo que acabo de provocar sin querer y asumo las consecuecias de mis actos. Decido que voy a esperar las autoridades para que me lleven detenido.»
Y la temática de accidentes sigue repitiéndose a menudo en mis sueños. Esta noche pasada he recordado un sueño que dura unos 14 minutos en mi grabadora de voz y cuya fase REM ha durado nada más ni menos que 90 minutos. En este sueño hay varios cambios de escena y en la última voy en bicicleta:
«Quiero tomar la salida en una calle grande y, una vez en la salida, veo que hay muchos ciclistas que vienen en contradirección. Hay muchos ciclistas, es algo masivo. Creo que me he metido en una calle donde hay una carrera masiva. Intento apartarme a un lado para dejar que los ciclistas puedan pasar, pero acaban colisionando conmigo. Veo la escena desde lejos. Me veo en el suelo con muchas bicis por el suelo y, por mucho que intento levantarme, siempre veo como me llegan más ciclistas y colisionan conmigo gravemente.»
Aunque he de tomar mi tiempo para interpretar estos sueños, siento que están vinculados a mi situación interior, ya que hay una correlación directa con los eventos que se están dando.
No tengo ni idea si se trata de algún tipo de premoniciones. Eso sí, tengo la sensación de que se van a dar situaciones en que voy a romper con muchas más cosas de mi pasado, y algo me dice que van a ser rupturas bastante fuertes. Quizás puedan indicar un camino «accidentado». Sea como sea, abrazaré lo que la vida decida traer a mi camino.




