«Un Gran Viaje Atrevido y Maravilloso»
Hace unos días fui a dar por casualidad con el trailer de una película que me llamó la atención. Resultó ser lo que parecía una nueva película romántica que iban a estrenar en breve. La combinación de Colin Farrell y Margot Robbie en una película romántica me sorprendió, por lo que decidí dar un vistazo al trailer.
Sí, se trataba de una película romántica, pero… algo dentro de mí me hacía sentir que había algo más en ese trailer: la soledad, un GPS guiando de forma inesperada, puertas al pasado, revisitar momentos difíciles… y la curiosidad ya se me disparó por completo ante ciertas preguntas y afirmaciones que se plentean los personajes en el trailer.
Sin saber realmente el por qué (y ni ganas de saberlo), decidí que iría a ver esta película en el cine. Y así lo hice. Es la primera vez que he disfrutado de una película estando solo en la sala, y el impacto que la película ha tenido en mí es de tal magnitud, que ha removido mis cimientos. Cosas de la personalidad y de las sincronicidades…
La película llega casualmente en un momento de mi vida en el que me estoy replanteando muchas cosas a nivel personal y a un nivel de profundidad considerable. Es un momento en el que soy consciente de que, una vez más, después de un período de cocina interior a fuego lento y de una introspección difícil, sé que dejo atrás una parte de mi personalidad que ha estado «tirando» de mí hasta hoy y que ya es hora de que deje paso a otras partes de mí para los caminos que vaya a recorrer de hoy en adelante. Una parada más en el camino. Otra «muerte iniciática».
Justo hace unas semanas comentaba con amigos muy cercanos que el viaje interior que inicié hace cuatro años me ha enseñando algo que, entre otras cosas, a día de hoy considero importantísimo: para llegar a ser uno mismo hay que ser capaz de ver, reconocer y aceptar lo que hay oculto en su sombra, en su lado oscuro. Pero llegar a distinguir algo en nuestra sombra, reconocer que es parte de nosotros aunque nos cueste un mundo admitirlo, aceptar que es parte nuestra y finalmente perdonarnos, es uno de los procesos más difíciles, duros, dolorosos y desgarradores que podemos atravesar a lo largo de la vida.
Cuando finalmente vemos quiénes somos, cuando somos capaces de mirar al pasado y ver con otros ojos aquello que nos marcó para la posterioridad, reconocer todo aquello que hemos estado ocultando durante tanto tiempo, aceptar sinceramente lo que realmente somos y perdonar… ahí es cuando se produce el milagro de la sanación de una herida que, aunque no era visible en la superficie, estaba abierta y doliendo en nuestro interior, y estaba afectando y saboteando nuestras decisiones día tras día.
La película muestra todo esto de una manera suave y preciosa. Habla de cómo para construir una vida con alguien, es muy importante ser consciente de quién es uno mismo, curar las heridas del pasado, comprender y aceptarse tal y como es y saber perdonar. La película también plasma de una forma preciosa muchas más cosas: llegar a aceptar a la otra persona tal y como es, comprender que muchas veces juzgamos a los demás de lo que nos han hecho cuando no somos conscientes de que ellos también llevan una carga a cuestas y que han hecho las cosas de la mejor forma que han sabido dada su experiencia y su contexto en aquellos momentos.
Cada puerta que atraviesan en la película es un viaje a revisitar un capítulo de su vida que les marcó para la posteridad. Hay puertas que duelen. Pero es una oportunidad a revisitar aquella experiencia y reescribirla desde la personalidad de hoy. Es la oportunidad de afrontar aquello desde una perspectiva más actual y darse la oportunidad de perdonar y perdonarse. Es la oportunidad de cerrar un capítulo, de aprender, de dejar atrás y seguir la vida sin esa carga que ya no tiene sentido.
Sarah le pregunta a David: «Entonces, ¿que es lo que quieres [en la vida], David?». Esa pregunta es una pregunta crucial cuya respuesta implica reconocer una parte de un propósito que nos empuja en el camino de la vida. El contexto en el que lanza la pregunta es lo que le da mucho sentido a la pregunta.
Y hay una escena en la que Sarah y David intercambian la siguiente breve conversación mientras experimentan una de esas experiencias «extraordinarias»:
- [Sarah] Ésto no es real
- [David] Bueno, yo lo siento muy real
Si cada una de estas escenas la consideramos una experiencia de expansión de conciencia (por ejemplo un sueño lúcido o un estado de hipnosis o trance) entonces la película es tremendamente «realista» desde el punto de vista que es una forma totalmente válida de realizar ese viaje interior de introspección para tratar de descubrir y comprender el dolor y el trauma que reside dentro de nosotros, en la oscuridad.
Y el GPS… esa voz del alma que te guía cuando realmente así lo necesitas y lo sientes…
Cuando terminó la película me quedé clavado en la butaca disfrutando de los créditos. Me hizo gracia que el primer nombre en los créditos fuera un «Henry». Disfruté de la sencilla escena en mitad de los créditos, una escena tan sencilla como bella, que define perfectemante a una parte de mí que reconozco y que aprecio. Cuando finalizaron los créditos me levanté con una sonrisa en mi cara y en mi alma e inicié mi camino para salir de la sala y del edificio. Fue al llegar al exterior y respirar el aire fresco de la noche en el inicio del otoño cuando sentí que mi interior se estremecía porque algo en mi núcleo había adquirido un poquito más de consciencia.
La película llegó a mí en el momento oportuno, como la más bella de las causalidades.
Y le pido a la vida que me siga guiando con el GPS interior como ha estado haciendo desde hace cuatro años, en aquel momento que inicié mi Gran Viaje Atrevido y Maravilloso…
