22
Jul
2025
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Lucidez terminal, ECM y sueños: ¿y si la percepción no se produce en el cerebro?

La ciencia actual está asentada sobre una comprensión material de la realidad, en la que considera que la consciencia humana es un subproducto del cerebro, resultado de las complejísimas reacciones físicas y eléctricas que se dan en sus redes neuronales. Así pues, partiendo de esta premisa material, la forma de entender nuestra percepción sería algo así como que nuestros sentidos externos captan los estímulos del mundo que nos rodea y los convierten en impulsos eléctricos que son enviados al cerebro y éste, a partir de dichas señales, es capaz de percibir y procesar la realidad en la que estamos inmersos.

Ya expuse la idea de que la percepción de la realidad onírica durante los sueños podría interpretarse casi de la misma manera si consideramos que los estímulos durante dicha experiencia también llegan al cerebro en forma de impulsos eléctricos, puesto que se ha demostrado que dichas experiencias oníricas activan las mismas partes del cerebro que cuando se experimenta algo similar en la realidad de vigilia.

Sin embargo, hay hechos documentados que ponen todo ésto en tela de juicio y llevan a plantear la seria posibilidad de que la percepción vaya mucho más allá del mero plano físico material.

Supongamos que el cerebro realmente es una computadora complejísima que, con su potentísima capacidad de cálculo a través de las reacciones eléctricas en cadena a través de sus neuronas, genera la consciencia que nos hace saber quienes somos, crea ese «yo» que con el que nos identificamos todos los días y, al mismo tiempo, almacena en esas mismas neuronas todas las experiencias que vivimos en forma de memoria.

Lucidez terminal

Se han documentado muchísimos casos de lo que se llama lucidez terminal, que rompe por completo  este esquema de comprensión acerca de la consciencia, del yo y de la memoria totalmente basada en una realidad totalmente física y material. Vamos a ello: supongamos el caso de una persona mayor que lleva muchos años con demencia y con la enfermedad de Alzheimer. Esta persona ya lleva muchísimo tiempo que no sabe quien es, que ya no reconoce a nadie de su familia, que su memoria se ha desvanecido por completo, y que incluso su cuerpo está prácticamente paralizado, debido al deterioro físico y cognitivo de su cerebro. El cerebro ha ido deteriorándose a lo largo de los años, hasta el punto de que la «computadora» ya tiene la mayoría de sus circuítos dañados físicamente. Así pues, queda claro que sus redes neuronales se han deteriorado hasta el punto que la física y la química que opera en las mismas es totamente disfuncional. Pero, para nuestra sorpresa, horas antes de fallecer, la persona recobra su consciencia, su yo vuelve a estar presente y operativo, su memoria parece intacta e incluso puede moverse de una forma que es imposible. Esta persona reconoce a sus seres queridos que están junto a ella, recuerda todos los detalles del pasado en relación con ellos y, dada la situación, aprovecha para despedirse de los presentes e incluso pide poder ver a otras personas para despedirse antes de su partida al otro lado…

A partir de este tipo de recuperaciones milagrosas temporales, de ese fenómeno de lucidez terminal, no cabe sino preguntarse muchas cuestiones: ¿el cerebro se ha regenerado físicamente de forma milagrosa e instantánea como por arte de magia? ¿cómo es posible que, sin más, todos los circuitos vuelvan a recablearse y que permitan el regreso de la consciencia y del «yo» intactos? ¿cómo es posible que una memoria que se ha destruído con el deterioro físico del cerebro a lo largo de muchos años vuelva a estar disponible sin distorsión aparente de la información que había sido almacenada?

El fenómeno de la lucidez terminal, junto con todas estas cuestiones, dan a entender que la consciencia, el «yo» y la memoria no se están generando ni se están almacenando en el cerebro.

Experiencias cercanas a la muerte y experiencias fuera del cuerpo

Las experiencias cercanas a la muerte y las experiencias fuera del cuerpo son fenómenos que han sido reconocidos y documentados y de los que hay una gran recopilación de casos a lo largo de la historia. Estadísticamente hablando hay una evidencia constatada que no es para nada deshechable.

En todas estas experiencias se habla de cómo la consciencia sale del cuerpo y es capaz de percibir perfectamente todo el entorno a través de lo que parecerían los sentidos de siempre. Sin embargo hay una característica interesante en todos estos casos, y es que esa percepción fuera del cuerpo implica una percepción hiperrealista, es decir, sin las limitaciones del cuerpo y de sus defectos y/o enfermedades. La visión es perfecta y de mayor alcance, los sonidos mucho más nítidos, etc. Da la sensación de que cuando la consciencia está ubicada y/o encajada dentro del cuerpo, la percepción está afectada y distorsionada por los sentidos físicos (las dioptrías en los ojos, problemas de audición, etc.).

Si tenemos en cuenta estas experiencias documentadas, resulta que la consciencia y el «yo» se siguen dando fuera del cuerpo físico, incluso con mayor calidad y nitidez, y la memoria sigue presente. Y ésto ocurre en situaciones donde el cuerpo físico ha estado más de 10 minutos en muerte clínica, con el corazón parado y con el cerebro sin oxígeno, y que después de una reanimación milagrosa, la persona es capaz de relatar hechos comprobables que son imposibles que pudiera percibir durante dicha muerte clínica.

Experiencia personal

Yo mismo viví una experiencia personal que me rompió por completo mis esquemas a este respecto. Hace cuatro años, durante una videollamada, recibí una información que me supuso un tsunami emocional inesperado. En mitad de ese torrente emocional que no pude controlar y tuve que dejarme ir, me desdoblé, de manera que fuí plenamente consciente durante unos 20 segundos de estar en dos sitios al mismo tiempo, con plena consciencia en ambas localizaciones. Por un lado estaba el «yo» que sentía ese torrente emocional sin freno y que se estaba sentado y totalmente abatido sobre el escritorio, y de pie a dos metros estaba el «yo» que observaba la escena con una calma inusitada. Después de esos segundos de desdoblamiento volví a tener sólo un foco de consciencia, con la cabeza entre mis brazos sobre el escritorio e inmerso en un mar de lágrimas de alegría interior.

Reflexión

Todo ésto hace que me plantee seriamente la posibilidad de que nuestro «yo», nuestra consciencia y nuestra memoria, residan más allá de la realidad que percibimos como física. Es decir, somos mucho más que un cuerpo físico y mucho más que una computadora con patas. Y ésto me lleva al punto de «comprender» de que todo ésto, la realidad y la vida, va mucho más allá de meras coincidencias aleatorias sin sentido. O lo que es lo mismo, que la realidad y la vida tienen un propósito y un significado trascendental.

El Yo que experimenta la realidad onírica

Si la consciencia y el «yo» se dan fuera del cuerpo y experiementan con una percepción mucho más nítida, implica que las experiencias de expansión de consciencia tendrían total validez desde el punto de vista de que el «yo» consciente estaría experimentando por sí mismo algo que va más allá de la realidad física. No sería simplemente una proyección mental sin sentido o un mero producto de la imaginación.

Así pues, volviendo al mundo de los sueños, me planteo varias cosas. Por una parte, y siempre desde mi experiencia y mi humilde punto de vista, las experiencias en la realidad onírica tienen la misma validez que las que se dan en la realidad de vigilia (tienen su efecto a nivel físico, emocional y mental). Así que, por otra parte, cabe plantearse el hecho de que los sueños no sean meras creaciones absurdas y sin sentido de nuestro cerebro, sino que al dormir y relajar el cuerpo físico, nuestro «yo» se «despega» del mismo, y tiene la posibilidad de experimentar y percibir libremente otras realidades que están más allá del plano físico.

Observación a nivel personal

Dado lo comentado anteriormente, me atrevo a postular que la consciencia de uno mismo, el «yo», la lucidez y la memoria no son un producto del cerebro a nivel material, sino que expresan a través de éste.

El yo físico es el medio a través del cuál la Conciencia o el Yo (mucho más que el «yo» consciente del día a día) se expresa en la realidad de vigilia. Y el yo onírico es el medio a través del cuál esa misma Conciencia y ese mismo Yo se expresan en la realidad del sueño.

Da la sensación de que lo que llamaríamos el Alma es algo que va mucho más allá de lo que podemos comprender con la razón, la lógica y la capacidad crítica de nuestra mente consciente, y que al mismo tiempo sería capaz de expresarse en muchas otras realidades de naturaleza aparentemente diferente.

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