7
Jul
2025
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El Camino Interior (I)

Fueron muchas veces las que tropecé con vídeos y/o textos que hablaban de ese «camino interior». Todo el mundo hablaba y habla de ese camino al más puro estilo de las redes sociales: es algo maravilloso y fantástico, algo que todo el mundo tiene que hacer, es muy especial, uno se encuentra a sí mismo y así consiguirá ser feliz como nunca antes.

Todo suena muy bonito, pero no hay ningún documento con instrucciones que describa cómo iniciar y llevar a cabo ese camino. En mi experiencia personal es algo que llega en un momento determinado de mi vida, en un momento en el que mi ser interior se rompe en pedazos, y no soy consciente de iniciar nada hasta pasados los años cuando, mirando en retrospectiva, puedo ver que realmente hay un camino marcado.

Y sí, reconozco que es un camino único, precioso y fantástico… y duro, doloroso y desgarrador a la vez.

Son tres las cosas que me marcaron durante la infancia y que creo que establecieron las bases emocionales sobre las que desarrollaría mi personalidad hasta el día de hoy.

Por una parte, la relación de pareja de mis abuelos maternos marcó un objetivo de vida en mí. Fue la única pareja en mi existencia que marcó una diferencia en cuanto a la expresión de cariño, admiración, respeto y amor incondicional. Para ser más concretos, la figura de mi abuelo, junto con su comportamiento hacia mi abuela, fueron la referencia sobre la que marqué un pensamiento muy potente en el que expresé en silencio, hacia mia adentros y con mucha fuerza: «quiero una relación así». La búsqueda de este ideal, junto con el impacto emocional del sueño del beso que tuve a los 11 años, marcarían por completo mi camino a nivel emocional.

Por otra parte, cualquier revista, libro, programa de televisión o película tocaran temas como el más allá, los fantasmas, la vida y la muerte, los sueños, el viaje en el tiempo, fenómenos paranormales, etc., atrapaban por completo mi atención. El tiempo se disolvía mientras me dejaba llevar en esos viajes fantásticos de mi imaginación. Todavía recuerdo cuando un día cualquiera, siendo yo pequeño, encendí la televisión y estaban empezando una película sobre un hombre que era capaz de entrar en sueños de otras personas. Aquella película, que se llamba «Dreamscape», me fascinó de sobremanera y me impactó hasta el punto de que no la olvidé jamás.

Y para finalizar, también en mi infancia descubrí la que sería una de mis pasiones y que marcaría mi desarrollo profesional: la programación de ordenadores. Todavía recuerdo el impacto que tuvo en mí ese primer programa sencillo escrito en un ordenador. Recuerdo perfectamente mi reacción de alegría y fascinación absolutas el día que, en un curso de programación al que acepté asistir con tal de que mis padres me compraran un ordenador depués de años insistiéndoles, al seguir los pasos indicados por el profesor, escribí mis primeras líneas de código de programación en una pantalla con la ayuda de un teclado, y el ordenador ejecutó el programa siguiendo dichas instrucciones que yo había escrito. Ese preciso instante, ese breve momento que sentí como eterno, cambió mi vida para siempre.

Pues bien, mirando mi vida en retrospectiva, a día de hoy soy capaz de ver y comprender cómo los tres puntos comentados anteriormente han influído en la toma de mis decisiones y, por ende, han marcado profundamente el desarrollo de mi vida. Han sido las dos caras de la moneda, puesto que dependiendo del momento de mi vida en el que han tomado parte, han significado algo «positivo» o algo «negativo», completando su significado como una totalidad que es mucho más que la suma de sus partes. Por ejemplo, han significado el empuje necesario para lanzarme a experimentar aventuras que jamás me hubiera atrevido, y al mismo tiempo han sido el disparador de la crisis personal más potente que marcó el inicio de mi viaje interior. Han significado la oportunidad de disfrutar estudiando, aprendiendo y trabajando, de hacerme sentir el mejor, y al mismo tiempo han significado mi enfrentamiento con la vergüenza más profunda como fracaso, como el bajarme al suelo en una caída irremediable contra el suelo. Y para rematar, justo en el momento en el que estaba muriendo a nivel interior, los temas como la muerte significaron la salvación que me devolvió a la vida. Lo más bonito de todo es que los tres han ido siempre entrelazados de una forma muy sutil, y han sido el fuel que me ha impulsado hasta hoy.

Este período de Viaje Interior me lleva a afirmar algo con total rotundidad: es el viaje más hermoso y especial de mi vida, pues me ha llevado a reconectar conmigo mismo y con todo aquello que le da sentido a mi vida. Pero también es el viaje más duro, doloroso y desgarrador que he experimentado, puesto que me está permitiendo afrontar directamente el lado más oscuro de mi personalidad, mi sombra. Y eso duele. Hasta que no he sido capaz de mirar frente a frente algunas partes de mi personalidad que jamás habría pensado que son parte de mí, hasta que no he sido capaz de aceptar que son parte mía, y hasta que no he sido capaz de perdonarme por muchas cosas, no he sido capaz de comprender el verdadero significado de ese viaje interior, de ese proceso de individuación del que habla Jung.

A día de hoy veo la vida con otros ojos y la transito con una perspectiva muy diferente a la que tenía hace años. Me atrevo a decir que finalmente estoy aprendiendo a sentir más y pensar menos. Ahora sé sin lugar a dudas que la vida va mucho más allá de lo que vemos y tocamos. Y lo más bonito ha sido re-descubrir el universo de los sueños como ese Guía Interior que me orienta en el camino de mi vida y va abriendo nuevas rutas en mi Viaje Interior.

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